Cuando el aire huele a leña y los pueblos echan humo por las chimeneas, Navarra se vuelve aún más hermosa.
Te propongo cuatro rutas para perderte sin prisa,
entre paisajes encendidos, iglesias silenciosas y meriendas con historia.
Artajona – Olite – Ujué
Piedra dorada, vino y silencio.
Recorre el Cerco de Artajona, piérdete por las calles de Olite y sube hasta Ujué para asomarte al horizonte.
Antes de volver, pasa por Casa Urrutia y llévate pan y pastas recién hechas.
Ochagavía – Muskilda – Selva de Irati
Bosques que respiran, aldeas que huelen a humo.
Camina hasta la ermita de Muskilda y deja que el Pirineo te abrace.
En Irati, el tiempo se detiene entre hayas, riachuelos y bruma.
Aberin – Irache – Arellano
La Encomienda templaria de Aberin, el Monasterio de Irache y la Villa de las Musas guardan siglos de historia junto al camino.
Termina en la torre románica de Arellano y escucha cómo el valle del Ega susurra pasado.
Lesaka – Etxalar – Bera
Puentes, regatas y caseríos entre montes.
Detente en la Pastelería Sarobe, prueba sus milhojas y entiende que hay dulces que saben a hogar.





