En la Pamplona del siglo XIV, en el bullicio de la Rúa Mayor de los Cambios, existió una mujer que no solo cambió monedas, sino que también tejió poder.
Flandina Cruzat, nacida en San Cernin, fue cambista del burgo, señora de señoríos navarros y una habitante probable de la calle destinada a su oficio. Con su segundo marido, Miguel Deza, participó activamente en los negocios, estipulando que los beneficios se repartieran a medias.
Poseyó bienes inmuebles distribuidos por la ciudad —como casas en San Cernin— y haciendas (viñas, terrenos), que arrendaba, gestionaba y convirtió en fuente de poder. Fue una comerciante con firma propia y una gran benefactora del burgo, donando a la iglesia de San Saturnino, a hospitales, al arreglo de caminos y al bienestar urbano.
Su testamento es espejo de su vida: una mujer que no dejó su nombre en la sombra, sino en los pergaminos legales y en la memoria de San Cernin. Su historia nos recuerda que las mujeres también construyeron ciudad.





