Hay lugares que merecen un desvío.
Cáseda es, para mí, uno de ellos.
Cada vez que vuelvo a la ermita de «San Zoilo» recuerdo por qué me parece uno de los monumentos medievales más fascinantes de Navarra.
Levantada en el siglo XIV gracias al impulso del obispo Arnalt de Barbazán, esta ermita gótica sorprende por la riqueza de su escultura. Su portada, con arquivoltas apuntadas, capiteles corridos repletos de figuras, un tímpano presidido por San Zoilo y el característico gallo con las armas de los Evreux, invita a detenerse y mirar despacio. Porque aquí, como en tantos edificios medievales, la piedra también cuenta historias.
Y por si fuera poco, en su interior conserva uno de los conjuntos de *grafitos navales y militares del siglo XVI* más singulares de Navarra, un patrimonio poco conocido que en los últimos años está siendo estudiado y puesto en valor.
A pocos minutos de la ermita, la iglesia de «Santa María» guarda otra obra excepcional: el retablo de Juan de Anchieta, una de las grandes creaciones del Renacimiento navarro.
Este año, además, se conmemoran los «450 años» del retablo y el próximo 8 de agosto se celebrarán diversas actividades para acercarse a este extraordinario patrimonio. Podéis consultar toda la programación en @ayuntamiento.caseda.
Si todavía no conocéis Cáseda, os aseguro que merece la visita. Es uno de esos lugares que demuestran que el patrimonio más sorprendente no siempre está donde todo el mundo mira.
¿Habéis estado alguna vez?





